En el siglo XV a.C., hace ya más de 3500 años, estudiaba la reina Hatshepsut con su arquitecto, Senmut, cómo debían ser las columnas de su templo funerario, que iba a ser construido en el complejo de Deir el Bahari, en la franja occidental del río Nilo. Al templo se accedería por tres terrazas escalonadas, de manera que el visitante, desde la lejanía, vería las fachadas de las tres terrazas, y al fondo, como si del escenario de un decorado se tratara, la imponente montaña con su pared escarpada, casi vertical. Dudaba la reina si las columnas de los pórticos debian ser de la planta cuadrada o circular, pero el arquitecto lo tenía bastante claro. En este caso debían ser cuadradas. En la cabeza de Senmut estaba la idea de que el templo se fundiera con la montaña, que pareciera un templo excavado en la roca, y por eso los pórticos de esas terrazas tenían que estar compuestos por pilastras cuadradas, de manera que sus caras exteriores se unieran visualmente con las de las vigas,...
Muchas veces he repetido que Fisac está entre los grandes, entre los grandes creadores que con su obra de arquitectura de dimensión universal, han atrevesado ya el umbral de la historia. No es que haya pasado a la historia: forma ya desde hace mucho tiempo parte de ella. Decía Ángel Ferrant que: "Todo está dicho ya. Pero como nadie se entera, hay que volver a repetir mil veces". Bien lo saben los medios de comunicación, los medios de la publicidad. Antonio Gaudí murió atropellado por un tranvía, olvidado de todos. Era Gaudí un arquitecto cuya dimensión universal jamás fue ni imaginada por aquellos que le rodeaban. Tan sencillo era. Hoy su figura se agiganta hasta llegar a los más alejados confines de la tierra. Miguel Fisac, con su sencillez, con su franqueza y con su claridad de pensamiento no ha sido nunca plato de gusto para los que manejan los hilos del poder mediático. Tan directo era. Pero su reconocimiento universal tomará día a día dimensiones que todavía...