El hábitat soñado es fácil de prever: castillos misteriosos de las novelas negras inglesas, entre Ann Radcliffe (que Lautréamont llamó el espectro tocado) y Monk Lewis. Cuevas, ruinas descabelladas de las tintas chinas de Victor Hugo, las casas sordomudas de Chirico, las salas rutilantes de Gustave Moreau, las arquitecturas redondeadas de Ledoux, arquitecto visionario de Luis XVI, el palacio de ensueños de aquel cartero francés llamado Cheval, que pasó su vida en construirlo solo, en estado de trance, piedra por piedra y que solamente es fachada, Gaudí, naturalmente. El estilo tallarines de las viejas entradas del metro de París, el modern style, pregonado por Dalí como arquitectura comestible. Anatema violento al Funcionalismo. Compárase el ya histórico comedor del Kandinsky de la Bauhaus, con los muebles blandos de Dalí y su retrato de Mae West convertido en cuarto de estar.
El hábitat real del surrealista -que en general no era rico- es un taller de artista, un piso o una pequeña casa. Lleno de cuadros de cosas, telas exóticas, arte naif, o de niños, o de locos, libros, máscaras o tallas salvajes. Muebles antiguos, raros o inventados: el armario trompe l'oeil de Marcel Jean; la carretilla de madera corriente, comprada en una ferretería, tapizada de raso, que Man Ray fotografió con una modelo con traje del modisto Lelong; la mesa de piano de Domínguez; el taburete de Seligmann, sostenido por tres piernas de mujer, con medias claras y zapatos de tacones altos; la mesa de Giacometti, con un busto de mujer y una mano; el sillón de Domínguez adornado con enormes cuernos; las lámparas de Man Ray con espirales de papel; los floreros de la bella época con mujeres lánguidas de largo pelo. Hoy todo esto se encuentra en escaparates, anticuarios, comercios, publicidad, portadas de discos. Fueron pioneros y visionarios.
*El articulo fue extraido del libro Dar a ver. Panorama vital del surrealismo, texto de la conferencia, dictada en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, Santander, 11 de agosto de 1981.

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