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La arquitectura - Ricardo Rojas

 Entre las artes espaciales, fundadas en el dibujo, la arquitectura es la que más sintéticamente expresa el carácter de una civilización. Las otras dos -pintura y escultura- son, en cierto modo, complementarias de áquella. Por su complejidad y por su función pública, el medio geográfico y la tradición histórica se resumen en los munumentos arquitectónicos. La ciudad en que se forma el centro de una cultura, no es sino un organismo de edificios. Templos, palacios, viviendas, escuelas, usinas, parques y calles, definen la anatomía de la ciudad, pero a la vez expresan su espíritu. Cuando este espíritu se desenvuelve espontáneamente en un medio dado, o cuando el transcurso de muchos siglos ha coordinado las formas del conjunto, la unidad de carácter se revela de un modo vigoroso: tal ocurrió en Atenas y en Florencia, para no citar sino dos ejemplos clásicos. Mas cuando una ciudad es nueva no ha sufrido en sus tradiciones hondas crisis, o ha prosperado por yuxtaposiciones materiales de simple origen económico, entonces puede tener carácter, pero carece de unidad espiritual, como ocurre a Nueva York y a Buenos Aires. Hay veces en las cuales el ambiente geográfico incluye tan directamente que crea las formas urbanas: la red de su delta ha dado el plano de Venecia, con su Canal Grande, su "lido" y sus "vicolos"; una hendidura del suelo ha creado la High Street de Edimburgo, que es una de las más hermosas calles del mundo, con sus jardines y sus bardas edificadas. En otras la raza es la que se manifiesta con su sensibilidad más profunda, como París y en Granada, o con su sistema social, como en Avila y Oxford. En los climas de sol, según en Sevilla ocurre, prospera el patio, y no es menester el parque, al revés de en Londres, donde el clima impone el parque como desahogo del "home". Pues no sólo en la síntesis urbana se ha de buscar el espíritu de recíprocas influencias entre la cultura y el medio, sino también en las parciales formas de cada institución: la familia, el gobierno, la religión, la industria, la ciencia, el arte. El hogar monogámico de occidente requiere estructura diversa que el harem oriental. El templo griego, morada del dios, difiere de la basílica cristiana, en cuyo interior se reúne la asamblea de los fieles. La moderna organización económica ha construido usinas, rascacielos, casas de departamentos, estaciones de ferrocarril. La democracia y el tráfico de las urbes actuales no podrían desenvolverse en la amurallada villa feudal, de tortuosas callejas donde vivían los sedentarios artesanos. Un pueblo de costumbres amables, decora de aguas, frondas y mármoles sus plazas rumorosas de niños y de enamorados. Un pueblo de activa conciencia cívica levanta monumentos ideales y a sus héroes. Por estos modos, el territorio, la raza, la tradición y la cultura nacionales, imprimen sus complejas influencias en la arquitectura, y tanto más definido en el estilo, más homogénea la estructura, más orgánica la ciudad, cuanto más orgánica es la cultura, más homogénea es la tradición, más definida la raza, en la nación que sobre un territorio antes desierto levantó sus edificios, desde la choza y el dolmen hasta las superiores formas de la belleza arquitectónica.

 Estos principios universales tienen también su comprobación en la historia americana.

 *Este escrito fue extraido del libro Eurindia de Ricardo Rojas.





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