Los casos presentados demuestran que hay una serie de condiciones para que la arquitectura moderna haya florecido, se haya desarrollado y posteriormente conservado o decaído, según el caso. A medida que esas condiciones se han ido modificado en función de una serie de aspectos socio-políticos y económicos, las ambigüedades y vacíos sobre la conservación y la demolición de la modernidad aumentan. Las circunstancias que propiciaron este florecimiento oscilan entre las profundas convicciones sociales de los arquitectos y las decisiones y escenarios políticos que lo favorecían, reforzaban e impulsaban En este período, un fuerte sector público creó las condiciones para que la arquitectura como un proyecto social pueda prosperar. Cronocaos, a través de uno de sus paneles, cita a una serie de personajes de políticos y arquitectos reforzaba los ideales de la modernidad. Aquí la transcripción (y traducción) de varias de las citas en este panel.
Le Corbusier, 1952: "Hecha para los hombres, la Cité Radieuse está hecha a la medida del hombre. Tiene también la robustez inherente a la tecnica moderna, y muestra el nuevo esplendor del hormigón visto. Esto trae al hogar moderno recursos sensacionales".
Nikita Khrushchev, 1954: "La vida florece sólo en la medida en que se ponga de acuerdo dos principios contradictorios que rigen la personalidad humana: lo individual y lo colectivo."
Oscar Niemeyer, 1956: "El socialismo simplificará la arquitectura. Se ocupará de grandes problemas humanos, lo que conducirá a la solución de los problemas de la colectividad".
Gio Ponti, 1961: "Es un periodo maravilloso. Mi consejo es que atesoren el futuro y nunca miren hacia atrás. La gloria del pasado fue hecha por otros. Tenemos el futuro, el gran desconocido, el misterio delante de nosotros".
Lucio Costa, 1961: "Ahora, en esta Nueva Era que nos envuelve por todos lados tan de cerca que casi se puede sentir y tocar. El desarrollo científico y tecnológico, además de liberar al hombre de las ataduras del hambre y la pobreza, creará condiciones capaces de liberarlo también de la vulgaridad y la sofisticación, estos dos extremos a los que es llevado por las contingencias de una jerarquia social artificial, y de retornar a la vida auténtica, sencilla, llena y natural, aquello que es realmente digno de su condición".
Max Bill, 1961: "Lo que influenció en todo mi pensamiento al hacer arquitectura ha sido siempre la necesidad humana. Lo social, ...lo personal, lo individual... la necesidad de las cosas, la relación entre la necesidad y la forma, la necesidad y el diseño. Creo que todo tiene que estar en el lugar correcto para que la necesidad humana pueda funcionar. Creo que la arquitectura no debe ser auto-expresiva, ambiciosa, exhibicionista, de ideas originales e individualistas."
Alvar Aalto, 1961: "Si he de decir mis últimas palabras, yo diría que un de los grandes problemas de un arquitecto hoy en día, es el salvar al ser humano -para hacer individualismo del colectivismo."
Sin embargo, la arquitectura social moderna, en su punto más bajo, está siendo destruida por un sector público debilitado por el mercado.
En la actualidad existe un consenso global de que la arquitectura de la posguerra -y el optimismo que encarnaba sobre la capacidad de la arquitectura para organizar el mundo social- fue un desastre estético e ideológico. Dicha renuncia se manifiesta en la arquitectura extravagante de la economía de mercado, que tiene su propio sistema de fecha de caducidad comercial. En contraste con las cifras presentadas previamente, están en un panel adicional en la misma exposición. El matiz general del discurso demuestra cómo un debil sector público ha creado las condiciones en las que cualquier rastro de la arquitectura como un proyecto social desaparecerá. Entre los personajes expuestos, en su mayoría del panorama político estan los siguientes:
Andrew Cuomo, (Ministro de Justicia del Estado de Nueva York), 1999: Sobre los conjuntos de vivienda social colectiva: "Se tuvo la intención equivocada desde el principio y debe ser reemplazado con edificios de poca altura de baja densidad, lugares donde la gente quiere vivir."
Nicolas Sarkozy (ex Primer Ministro de Francia), 2005: "Vamos a apuntar a los matones. Con el tiempo desaparecerán. Vamos a ajercer presión para limpiar el proyecto de vivienda Courneuve".
David Cameron (Primer Ministro de Reino Unido), 2008: "Hay proyectos de vivienda en Gran Bretaña, donde las personas tienen una menor esperanza de vida que en la Franja de Gaza".
Dominique de Villepin (ex Primer Ministro de Francia), 2010: "Las políticas urbanas para la Banlieue no deben basarse en cuestiones de fragmentación social e inseguridad."
Teodoro Buontempo (político italiano), 2010: "Tengo un sueño: ¡destruir Corviale! Símbolo de la opresión y la degradación de los ciudadanos."
Yuri Luzhkov (alcalde de Moscú), 2010: "La demolición de la vivienda prefabricada de cinco pisos -Khruschevka- es el camino a seguir. Por supuesto, los edificios prefabricados están todavía robustos, pero no hay ninguna comodidad ni vida allí dentro."
En la mesa del debate están tanto los principios en los que se basan las teorías de conservación, como el papel actual del arquitecto en este y otros procesos, promoviendo un cuestionamiento más profundo en la profesión respecto a la arquitectura actual. "¿(H)a llegado a ser tan formal, tan excesiva y estática que de hecho se encuentra en la necesidad de re-evaluarse ya sea a través de la conservación o destrucción?" La exposición se trasladó hacia los límites externos de la profesión y cuestionó el papel del profesional en un mundo que ya no ve al arquitecto como una fuerza fundamental en la creación del entorno construido. "Los arquitectos -nosotros los que cambiamos el mundo- hemos sido ajenos u hostiles a las manifestaciones de la conservación." dice Koolhaas.
Durante la inaguración de Cronocaos Rem Koolhaas señalaba la foto de un arquitecto tomada en algún momento en los años 1960. El hombre está de pie con un dibujo en la mano en una obra azotada por el viento y detrás de él se encuentra una gran extensión de nuevas viviendas sociales. En una entrevista para el Financial Times, Rem Koolhaas añade: "Me encantaría haber sido así", dice, con lo que parecía un ligero pero inusual anhelo. El arquitecto de la fotografía en blanco y negro parece serio, comprometido, comenta el periodista. Más adelante, al recordar estas palabras se pregunta si el papel de los arquitectos hoy en día. "Cuando empecé", dice Koolhaas, "la sugerencia fue que el arquitecto podría servir para el bien público. Esa foto emana esas buenas intenciones. Pero la arquitectura ha sido asumida por el sector privado, que ahora sirve a los intereses privados." dice Edwin Heathcote.
"El auge de la economía del mercado ha significado el final del arquitecto como una figura pública creíble. Desde Philip Johnson en 1979, ningún arquitecto ha aparecido en la cubierta de la revista TIME. Los "arquitectos estrella" aceptaron un pacto faustiano en el que se hicieron más prominenetes pero su papel menos significativo". Al desconectar al arquitecto (del rol) del sector público, la economía del mercado cortó la conexión entre la arquitectura y el idealismo, y condenó al arquitecto contemporáneo a un limbo de menor seriedad, expone Cronocaos. ¿Por qué ningún arquitecto ha aparecido en la portada de la revista TIME desde la última vez que apareció Philip Johnson en 1979? "Quizá cuando empezamos a utilizar la palabra "icono". Estas posturas traen consigo "efectos secundarios" producto de decisiones de puestos burocráticos de la conservación que promueven transformaciones radicales. Su lenguaje y códigos son demasiado contundentes y primitivos para servir a su objetivo declarado. Procuran generar un "ajuste" entre lo que existe y lo que es "renovado", produciendo un lenguaje arquitectónico completamente nuevo.
"Aquí está un arquitecto que, por un lado, podría señalar mordazmente las insuficiencias de la arquitectura contemporánea, su desesperanza y su postración al poder del dinero y el comercio, pero también es esclavo de su ubicuidad y de la universalidad que tanto le disgusta" dice Edwin Heathcote.
Este capítulo cierra con el mismo tinte que el capítulo anterior, con una reflexión sobre el papel del arquitecto en los acontecimientos que abarcan la arquitectura en medio de un contexto más que complejo. La reflexión concluyente es que la profesión ha hecho énfasis, de manera sistemática, en la idea de que el arquitecto tiene "poderes sobrehumanos". Esto es totalmente contraproducente, ya que corta cualquier comunicación real entre el arquitecto y el público. Cuando un arquitecto se coloca en un pedestal, el resultado es provocar que cualquier compromiso con otros aspectos de la profesión sea casi imposible.
*Este escrito fue extraido del libro Demolición; el agujero negro de la modernidad (2017) de Verónica Rosero.

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