"¿Por qué odiamos lo utópico con tanto fervor? ¿Será porque hace demasiadas exigencias? Incluso Google no puede ayudarte aquí..." Estas son otras de las preguntas incómodas y provocadoras de Cronocaos. Resulta ahora ingenuo pensar que la arquitectura realmente puede transformar la sociedad, tal y como lo creían los arquitectos modernos. Sin embargo, era esa voluntad transformadora la que estaba presente (más allá de la dimensión estética) en la génesis de la arquitectura moderna. Los arquitectos (a menudo de izquierda) vieron en sus obras un instrumento de cambio social, un medio para lograr ciudades de mayor calidad y más democráticas.
La modernidad les permitió soñar con espacios que mejorasen la vida urbana y ayudasen a la integración interracial. No obstante el proyecto estadounidense Pruitt-Igoe, o el caso de estudio del siguiente capítulo, el proyecto británico Robin Hood Gardens, no lograron cumplir su objetivo, derivando en su propuesta para su demolición. De la misma manera, pertenecer a un movimiento arquitectónico representativo tampoco ha sido argumento válido para que su obra se mantenga en pie. Este es el caso de los Metabolistas, movimiento también víctima del "agujero negro". Debido a la importante relación de Rem Koolhaas con los metabolistas, Cronocaos presentó el caso de la Nakagin Capsule Tower de Kisho Kurokawa construida en el año de 1972 mediante el cual explica la actual decadencia de la arquitectura de los años 1960s, 1970s y 1980s. Este proyecto es una de las obras cumbres del Metabolismo y una de las únicas realizaciones semi-permanentes de la arquitectura de la cápsula. Era una expresión de la modernidad triunfante y el milagro económico japonés. Era un icono en el centro de Tokio, y lo sigue siendo pese a su situación, en la que está bajo amenaza por su alto grado de deterioro.
"Ahora se nos presenta una paradoja porque el propio Kurokawa nunca quiso que las cápsulas sean permanentes. La intención fue siempre que "cuando se desgasten se las elimine". Pero de alguna manera no existía una situación económica donde fuera viable hacer eso."
"La conservación es de hecho un producto de la modernidad."
Al igual que la modernización, la conservación fue una invención occidental. Sin embargo, con la disminución del poder occidental, ya no está en manos de Occidente. Ya no somos los que definen sus valores. El mundo necesita un nuevo sistema de mediación entre conservación y desarrollo.
"¿Podría ser el equivalente al comercio de carbono en la modernización? ¿Podría una nación modernizadora "retribuir" a otra nación para que no cambie? Podría el retraso convertirse en un recurso, como la selva de Costa Rica? ¿Si China salva a Venecia?"
Si la conservación es una invención que sale de la iluminación moderna y occidental, en el Este tienen una compresión muy diferente, comentan los expositores de OMA en su charla para la Royal Academy of Arts de Londres.
"Este grupo que surgió en la década de 1950 y se anunció a sí mismo en 1960, tenían por filosofía la reutilización. Ellos no creían en la permanencia en absoluto. Sabían que las ciudades se desmoronan, sobre todo porque ellos surgieron al final de la Segunda Guerra Mundial. Ellos dijeron: "vamos a abrazar la inevitabilidad del cambio" "y crearon edificios con cápsulas o elementos que se sustituyen cuando es necesario. Fue un movimiento vanguardista (...) muy sorprendente, porque se trata de una vanguardia que se encamina en la tradición".
La Nakagin Capsule Tower es un particular proyecto de vivienda ejemplo y símbolo latente del Metabolismo Japonés. Sus fantásticas visiones urbanas se convirtieron en emblemas del resurgimiento cultural de postguerra del Japón. Este edificio de sistema flexible que combina vivienda con oficinas, surge de un concepto que a nivel de ciudad pretendía crear modelos flexibles para una sociedad en constante cambio, a la vez que revelaban la transformación del Japón de una sociedad rural a una sociedad más moderna. Constituian un símbolo de las ambiciones tecnológicas de Japón, la existencia cada vez más nómada del trabajador, así como el reflejo tendencias más universales, como la segmentación social y la fragmentación de la familia tradicionl. Este edificio representa "la cristalización de un ideal cultural de largo alcance. Su existencia se erige también como un poderoso recordatorio de caminos no tomados, de la posibilidad de mundos conformados por diferentes conjuntos de valores.
Actualmente la Nakagin Capsule Tower es un proyecto previsto para demolición debido a su deterioro físico. En su entusiasmo por nuevos materiales y nuevos procesos, la estructura de Kisho Kurokawa es tan frágil como la suma de sus materiales de vida media. Un proyecto que se suponía debía ser renovado cada 25 años está ahora en proyecto de ser destruido, aunque essta flexibilidad era más teórica. Mientras tanto, el caso se hizo notar mediáticamente. Nicolai Ouroussoff reclama sobre esta amenaza de demolición: ¿por qué no conservar la Nakagin Capsule Tower si se han venido restaurando en los últimos años decenas de proyectos, desde villas de Palladio hasta obras maestras de la modernidad, algunos en peores condiciones que la torre? Ouroussoff realiza una serie de preguntas ante la probable destrucción de la Capsule Tower: "¿Que tan viejo tiene que ser un edificio antes de apreciar su valor? Y, ¿cuándo su importancia cultural triunfa sobre las consideraciones prácticas?"
Insubstanciales fueron las reflexiones cuando el peso máximo estaba en la opinión pública: en 2007 el 70% de sus residentes votaron por su demolición. Ante este panorama incluso el propio Kisho Kurokawa empezó a comprar varias cápsulas para poder sumar votos, sin embargo "él mismo, en su día, había propuesto un edificio que era una bomba de tiempo en sí, tenía dinamita incrustada en ella, por lo que era todo lo contrario de la conservación". La Capsule Tower está en un estado decrépito, dice la reseña New York Times. Sus residentes, cansados de vivir en condiciones precarias y de hacinamiento, votaron para demolerlo y ahora están buscando un promotor que la remplace con una torre más grande y contemporánea. Que el edificio siga en pie tiene más que ver con el actual malestar económico que con la comprensión de su valor histórico. "Esto no es sólo una tragedia arquitectónica, sino que también es una distorsión de la historia."
¿Cuál es la razón? En parte se debe a que en todo el mundo, la arquitectura de la posguerra sigue siendo mirada por encima del hombro por parte de la "cultura en boga" (mainstream). A menudo se la asocia con urbanizaciones brutales de la ciudad, con edificios de oficinas de aspecto clínico o con la naturaleza de los bloques de viviendas en general. No son inversiones atractivas, no se alimentan la vanidad de un inversor u ofrecen el prestigio cultural, que ser propietario de una casa hito sí lo hace. Sin embargo, otra frecuente preocupación es que los desarrollos privados como la Nagakin Capsule Tower, por muy históricamente importantes, tienen que ver con los negocios primero, antes que con la cultura. Los gobiernos prefieren no interferir y las voces de los conservacionistas se minimizan.
*Este escrito fue extraido del libro Demolición; el agujero negro de la modernidad (2017) de Verónica Rosero.

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